Resulta difícil realizar una síntesis de experiencias que, como hemos podido comprobar, son muy diferentes entre sí pues como cualquier cuestión de esta índole tiene un componente personal notable. No obstante, aunque cada uno de nosotros ha vivido su experiencia de socialización desde parámetros distintos hay elementos comunes en todas ellas que vamos a intentar subrayar.
Todos coincidimos en que los tres años de Magisterio consistieron en lo que se ha denominado llenar la tábula rasa, es decir se nos llenaba de muchos contenidos teóricos y poca didáctica para poder enfrentarnos con garantías a nuestro nuevo desempeño profesional. ”Lejos de propiciar un conocimiento emancipador, desarrolla una visión del conocimiento objetivista, una comprensión del currículum fragmentada y una concepción del aprendizaje según la cual el alumnado es un recipiente vacío del conocimiento oficial”, (Lacey, 1977).
El concepto de choque de la realidad indica, según Veenman (1984), “el colapso de los ideales adquiridos durante la formación inicial por la áspera y ruda realidad de la vida diaria del aula”. Es curioso que en nuestro encuentro con dicha realidad nos topamos con aulas de más de 40 alumnos entre los que había bastantes con todo tipo de necesidades. Como se ve nuestro estreno fue de todo menos sencillo y cómodo.
Las primeras experiencias laborales son claves para el desarrollo de la docencia y tener que compatibilizar dos papeles importantes como son enseñar a tus alumnos y aprender a enseñar (Angulo, 1993) es algo muy complicado. Es un proceso que tarda años en mejorarse. Conocerse a si mismo es decisivo para que te guste la docencia y lo que haces cada día. Algunos autores dicen que un maestro tarda por término medio cinco años para que se le pueda considerar con la experiencia suficiente para afrontar los retos que la escuela y la sociedad nos impone.
Otro aspecto en el que coincidimos es que en las primeras experiencias socializadoras nos marcan las relaciones con los compañeros más veteranos, con el equipo directivo y con las familias. En función de cómo han sido esas relaciones pueden inclinar nuestro estilo de enseñanza hacia una posición más conservadora o más innovadora. Son los factores de Wildman, Niles, Magliaro y McLaughlin (1989) en cuanto a la socialización docente.
El practicum no fue un espacio clave en nuestra socialización, incluso para algunos fue una experiencia más desorientadora que otra cosa. Pensamos que el practicum debería ser un proceso tutorizado a lo largo de varios años. Es necesario mejorarlo y cambiarlo radicalmente. ¿Si los primeros años son determinantes, por qué las universidades y los centros escolares están descoordinados?
Contreras Domingo (1987) y otros autores señalan el Practicum como un espacio clave en la socialización del futuro docente por el conocimiento del contexto en el que van a trabajar y por la reconstrucción y el desarrollo del pensamiento práctico. Contreras Domingo lo denomina aprendizajes prácticos en el que se analice y reflexiones sobre la realidad.
Hemos atravesado las tres corrientes de socialización y quizás nos encontremos, en este momento, en la última de ellas. Hemos llegado a esta conclusión a raíz de las motivaciones que gente de una edad ya avanzada como nosotros ha dado el paso de ponerse a estudiar Psicopedagogía. Esta etapa se denomina dialéctica, y se caracteriza porque priorizan los procesos de interacción sobre los de adaptación, es decir, la que considera al docente como agente activo. Lacey (1977), pionero de esta corriente, identificó tres situaciones, sintiéndonos más identificados con la denominada redefinición estratégica, donde el docente intenta cambiar la situación en la que se encuentra, ofrece resistencia, es crítico, cuestiona…
Muy completo, y con claras referencias a los textos, y muy bien expresado. ¡Enhorabuena!
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