
Tarea Grupal B4:
Algunos retos pendientes de la profesión de enseñar y de su formación.
1. ¿Qué demanda la nueva cultura digital al profesorado y cómo puede esta contribuir a paliar los efectos excluyentes de la brecha digital?
Las nuevas tecnologías representan una nueva forma de “estar” en el mundo y su presencia en los procesos de enseñanza son un fenómeno inevitable a medio plazo, como una herramienta que incrementará la eficacia de los procesos de enseñanza-aprendizaje del alumnado.
La brusca y acelerada aparición de las tecnologías digitales representa para la mayoría de docentes una ruptura con sus raíces culturales puesto que nos hemos socializado en la cultura de la tiza y una parte importante del profesorado no tiene experiencia de interacción con las máquinas. Es por ello que se hace imprescindible que los nuevos planes de formación contemplen lo que es un conocimiento tecnológico del medio (manejo de hardware, dominio del software) con un conocimiento didáctico de utilización del mismo (organización de actividades, integración del medio en el proceso de enseñanza, evaluación de los aprendizajes del alumnado,...).
La cuestión es que la mera introducción de las tecnologías de la información y la comunicación por sí solas no transforman, ni mejoran de manera mecánica o milagrosa la educación. No se trataría de añadir un “contenido” más a la formación del profesorado, sino de introducir una nueva perspectiva que redefina el viejo oficio de enseñar, es decir es “enseñar de otra manera”. Supondría repensar la profesión docente de manera que se dé solución al conjunto de problemas con que se enfrenta el profesorado lo que, implicaría enfrentarse a problemas éticos y políticos de primera magnitud.
La formación para el uso de las nuevas tecnologías tiene que contemplar la dimensión social del aprendizaje docente, ninguna formación es neutra. Seguir planificando y desarrollando planes y acciones formativas que tomen como unidad al docente individual es consolidar todavía más una realidad que poco aporta a la mejora y transformación de la educación como práctica emancipadora. Hay que apostar por el trabajo en equipo, colaborativo y transformador de la realidad.
La artificiosa y fragmentaria organización del conocimiento que se imparte en la escuela y de su falta de relevancia son obstáculos para una regeneración de la educación. La utilización de las nuevas tecnologías y el desarrollo de estrategias coherentes con este principio, no sólo supondrá la impugnación de gran parte de las formas de actuación del profesorado, sino de las políticas que la inspiran. Es preciso cambiar desde el interior del proyecto modernista de escuela esta organización y reivindicar el currículo como un proyecto de cultura socialmente necesaria.
Es por ello que una nueva concepción de la formación es una tarea ineludible que debería impregnar todos los ámbitos de la educación. Una concepción crítica de la formación del profesorado debe incitar y abrir las conciencias del profesorado sobre los factores que alienan a la ciudadanía y excluyen a ciertos grupos sociales promoviendo cómo actuar desde la escuela desde una perspectiva emancipatoria.
Caminamos hacia una sociedad en la que el poder se va a estructurar sobre el control del conocimiento y la información, habría que crear nuevos centros de contrapoder, redes de cultura que actuando localmente responda a un proyecto que trate de extender el conocimiento, en una sociedad más justa e igualitaria. La institución escolar, en este sentido, tendría que cumplir una función social compensadora de las desigualdades de acceso a la tecnología y esta es una responsabilidad del profesorado.
Las nueva tecnologías, nos guste o no, representan una nueva forma de “estar en el mundo” porque mediatizan el intercambio de información y de comunicación. Estamos ante “otra cultura” y sugerimos que la formación para el uso de las nuevas tecnologías contemple la dimensión social del aprendizaje docente para que éste pueda seguir desarrollándose y transformando la educación.
2. ¿De qué modo contribuirían los procesos reflexivos que hemos ido comentando en la asignatura a la toma de conciencia del profesorado sobre la diversidad cultural y su necesaria atención, para profundizar en el desarrollo de un currículo integrado e intercultural, así como de una escuela más inclusiva, plural y democrática?
Sería interesante observar hasta qué punto se incluye la diversidad cultural en el currículum, pues aunque una gran mayoría de docentes estamos concienciados tan sólo una minoría se implica de forma seria y comprometida.
Los estudios realizados manifiestan mucha incoherencia entre lo que los docentes manifiestan formalmente y lo que piensan y/o comentan en realidad de modo informal, a nivel inconsciente y profundo que aloja ideas y actitudes de carácter tácito, que son las que más influyen en la práctica educativa.
Se sigue teniendo al “alumno modelo”, ( Jackson o Perrenoud ), como referente, entendiendo como tal al que ajusta su aprendizaje a las expectativas clásicas de la institución escolar, se adapta mejor a la cultura de nuestras escuelas (orden, higiene, interés, concentración, puntualidad...). Cuando el profesor mira a los alumnos a través de este prisma ideal, las consecuencias para los niños y las niñas diferentes suelen ser de gran alcance.
El pobre rendimiento escolar del alumnado minoritario se ha atribuido históricamente a déficits inherentes al mismo alumnado o a su entorno, es decir, fuera de la responsabilidad escolar y docente. Ha sido una forma de echar balones fuera y eludir la parte de responsabilidad que nos corresponde como educadores.
Se hace imprescindible tomar conciencia del bagaje de conocimientos, creencias, actitudes, percepciones... que subyacen a la mente del docente y del que surgen de manera espontánea sus intuiciones cuando tiene que actuar y tomar decisiones en la práctica educativa cotidiana para poder comprender su actitud frente a la diversidad cultural.
La formación inicial o a la formación permanente del profesorado, debería estar orientada a su resocialización, y a ayudarnos a vernos a nosotros mismos dentro de una sociedad culturalmente diversa. Estrategias como la inmersión en centros con experiencias óptimas en multiculturalidad, el aprendizaje por modelado, la autocomprobación vivencial de las propias prácticas, el autoanálisis, lecturas apropiadas…pueden llevar al docente a una modificación de sus propias creencias y descubrir las ventajas de una Educación Multicultural.
Los procesos reflexivos que hemos analizado a lo largo de la asignatura son la base para que transformemos la escuela, para que realicemos un curriculum mucho más real e integrado, donde los aprendizajes sean siempre relevantes, un curriculum multicultural e inclusivo y un curriculum que permita la trasformación de nuestras prácticas educativas.
3. ¿Cómo deberían afectar dichos procesos reflexivos a las culturas de trabajo de los docentes?
Por experiencia sabemos que los cambios que tienen más éxito son lo que se inician en la propia escuela, como respuesta a un problema sentido internamente. Normalmente hay muchas fuerzas externas que presionan sobre el qué mejorar, y el cómo: la administración, los padres, los inspectores, los medios de comunicación, los diversos sectores sociales…., pero a los docentes lo único que se nos reserva es el cuándo hacerlo.
Para este fin, sería preciso devolvernos la palabra a los docentes, apoyarnos y escucharnos activamente sobre lo que necesitamos y lo que queremos: crear oportunidades para que se confronten los presupuestos y creencias que subyacen a nuestras prácticas, evitando crear una cultura de dependencia , eludir también cualquier propuesta que se coloque administrativamente por encima de cualquier cambio razonable, ampliar las posibilidades de autonomía curricular y metodológica del docente así como propiciar la creación de una comunidad docente en donde se pueda discutir y desarrollarse profesionalmente en común. Se habla ahora en el posible Pacto por la Educación de crear un Estatuto Profesional del Docente.
La regulación como estrategia de control para la mejora impide que el centro escolar pueda hacer su propio diseño organizativo, adaptar localmente la innovación y ser responsable de su propio desarrollo curricular. Esto hace que los profesores permanezcamos mayoritariamente aislados unos de otros, mostrándonos reacios ante la posible interacción con colegas en aspectos estrictamente profesionales. La Administración habla de Autonomía y en la realidad nos vemos continuamente controlados y fiscalizados que no evaluados.
De estas reflexiones surge la perspectiva de transformar los roles y el trabajo del profesorado, rediseñando el trabajo escolar para promover un sentido de comunidad en el centro, con unas relaciones de colegialidad y colaboración que, implicando al profesorado en el desarrollo de la institución, conduzcan a un compromiso por parte de la comunidad docente con las misiones consensuadas de dicho centro
Sería necesaria la construcción de una conciencia colectiva de los docentes pero se hace un camino difícil desde la soledad de las aulas. Se precisa para ello de la experiencia compartida, del intercambio y apoyo entre unos docentes y otros. El núcleo del trabajo conjunto debe ser el currículo escolar y el objetivo prioritario mejorar el aprendizaje de los alumnos.
Reclamar que la formación del profesorado debe ser un proceso colaborativo, una trayectoria socializada todavía sigue siendo una reivindicación necesaria en estos tiempos de feroz individualismo. “La formación debe inscribirse en el contexto organizativo de los centros”(Escudero, 1990); debe ser susceptible de articular cambios organizativos y cambios en las relaciones de los profesores; cambios que permitan la emergencia y la construcción de nuevas culturas profesionales: la «cultura de colaboración», expresada en la interdependencia de sus miembros en el trabajo como empresa conjunta, respetando la individualidad como estrategia que ayuda a cada uno a comprender mejor su enseñanza y aprender de la de los demás, dotando al centro de un sentido de comunidad, en la que existe la disposición a poner en común lo que cada uno sabe hacer, a solicitar ayuda a otros y a aportarla. En una palabra, en estas escuelas existe un ambiente comunitario de trabajo.
4. ¿Qué aportan o dejan de aportar, según tu experiencia, este tipo de cursos o asignaturas a esos propósitos?
La revisión crítica de nuestras propias prácticas es automática.
Las lecturas propuestas nos obligan a la reflexión y al intercambio de experiencias con los compañeros y compañeras.
La necesidad de cambio hacia la consecución de mejores resultados con nuestros propios alumnos parte de la iniciativa propia, no viene impuesta.
Somos capaces de proponer estrategias para la mejora educativa en nuestras aulas y en nuestros centros, por algo se empieza…esto podría ser una cadena, quién sabe.
Nos sentimos más capaces de emplear las herramientas informáticas en las aulas y de forma absolutamente convencida.
Tenemos otra visión de la formación del profesorado, así como sentimos la necesidad de seguir en una formación permanente.
Desarrollo de la autorreflexión y deseos de intercambiar experiencias, confrontar ideas, posturas…
Fomento del debate en nuestros centros para cambiar la práctica educativa diaria.
5. ¿Cómo valoras esta asignatura y qué propuestas se te ocurren para mejorarla? Los contenidos desarrollados, los recursos y procedimientos utilizados, la organización del trabajo, la participación, la evaluación… son dimensiones susceptibles de análisis; cualquier comentario, crítica o sugerencia por tu parte será bienvenida.
Los textos nos parecen acertados y adecuados en extensión y profundidad, y nos permiten trabajarlos a fondo.
Creemos que somos demasiados alumnos en el aula (89) para la metodología participativa que se pretende. Hay compañeros que además de no participar impiden un desarrollo normal de las clases.
El trabajo de equipo es fundamental para intercambiar experiencias, opiniones, formas de entender la enseñanza,…
Valoramos mucho la metodología que se sigue que nos obliga a reflexionar permanentemente sobre nuestra práctica educativa y a replantearnos nuestro trabajo. No es una tarea de memorización con la finalidad de un examen sino que es algo que nos sirve para nuestro Desarrollo Profesional.
El uso de las Tics ha sido importante, nos ha puesto al día en aspectos necesarios como medio de autoformación y colaboración.
Valoramos muchos más nuestro trabajo docente.
Hemos desarrollado varias capacidades, sobre todo la capacidad para saber utilizar los contenidos y la información y contrastarla con la experiencia.
En cuanto a las tareas grupales, hemos desarrollado el trabajo en equipo, nos hemos sentido útiles al grupo, hemos aumentado los conocimientos al confrontarlos con los de los compañeros y hemos aprendido a integrar el conocimiento adquirido.
En general, las tareas de pequeño grupo nos motivan y nos gustan. En ellas intentamos asumir nuestros roles, participar con la idea de que el grupo salga adelante y se esfuerce. En el grupo, ha habido buena interacción y participación y hemos aprendido con él. Hemos comparados las ideas, hemos aprendido a reflexionar sobre mi trabajo, hemos aprendido a compartir el conocimiento a la vez que a evaluarnos.
Lo más importante es que se han dado varios procesos que cambiarán nuestra forma de ver la educación y nuestro desarrollo profesional.
Ha habido varias estrategias que hemos desarrollado, entre las que se encuentran: síntesis del conocimiento, procesos de reflexión y comparación con los demás, proceso de escucha activa, procesos de búsqueda de información, procesos de trabajo en grupo, procesos de integración del conocimiento, asunción de roles dentro de un equipo, procesos de participación en clase, procesos de autoevaluación y evaluación del trabajo de los demás, procesos metacognitivos, procesos de participación al manifestar nuestras opiniones…